
Después de pasar casi dos días en cama con la barriga atiborrada de tantas pastillas mas que de comida, empecé a darme cuenta que la extrañaba, si y por que no decirlo con todo y mayúsculas y signos de exclamación, ¡LA EXTRAÑO!, La extraño los domingos por la mañana llevándome de la mano a comprar el pan a las cinco de la mañana, ver como sus manos se fueron envejeciendo al pasar de los años lavándome una cabellera larga, trenzándola día a día hasta que sus dedos engarabatados de artritis dejaron de hacerlo, de cómo me contaba historias de los primeros habitantes que llegaron a las faldas del cerrito del Carmen, de cómo pie de lana se escondía entre las cuevas del cerro, y de cómo todos los días entrando la cuaresma me llevaba a rezar el viacrusis a las 7 de la noche por todo el vendito cerro que de noche era tan tenebroso como el entrar a un cementerio, extraño verla sentada en una silla de madera a las puertas de la casa viendo como la gente pasaba en aquel barrio moderno, extraño su dulce de leche, sus tamales navideños, sus chuchitos, sus caldos de res y sus frijoles con naranja agria, sus idas al mercado a las faldas del cerro del carmen y comprarme una melcocha, llevarme al supermercado cada quincena y llevarme a comer una oferta de dos pedazos de pizza y helado, extraño sus pies arrastrándose por la casa bajando dos gradas para llegar al patio, extraño sus ojos negros su tes morena y su pelo negro que se lleno de canas y que se echaba una colonia que lo dejaba color morado, extraño su olor de una colonia de agua de rosas, de verla de vez en cuando escondidas fumándose un cigarrillo, y tomándose un buen jaibol, jugar a las muñecas con migo y enseñarme a hacerles vestidos de moda, sacar sus naipes y enseñarme a jugar conquian, llevarme a la cama todos los días a las 9 de la noche después de rezar un rosario y de aprenderme un salmo de memoria. Recuerdo hacerme limón con bicarbonato para el dolor de estomago y jugo de naranja con papa rayada para el empacho, extraño el olor a naftalina que expulsaba sus roperos de cedro que guardaban todo tipo de recuerdos, desde ombligo desde el primer nieto hasta el mió que fui la ultima, la sorpresa de mi bautizo, de cada una de mis piñata (por que celebro cada año mi cumpleaños con piñata y pastel hasta que cumplí los 12 años), tenia el primer mechón de pelo que se me corto, el primer diente que se me cayo, y que por ello me dejo una moneda de veinte y cinco centavos bajo la almohada, guardaba todos sus recuerdos que nunca me quiso contar, fotos en blanco y negro de todos sus hijos, de toda la gente que quiso y que tampoco nunca supe quienes fueron, de sus joyas que trajo de New Orleans , guardaba los juguetes que nunca me dejo tocar por ser caros y que algún día me iba a dar, guardaba el traje rosa que le pusieron para su funeral,
1 comentario:
ESTE SI ESTA BUENO. FRIJOLES CON NARANJA AGRIA, UY.
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