
Siento sus ojos sobre los míos,
me regalaba un cono de helado,
lo despreciaba y lloraba
tenía miedo de tocar su mano lastimada,
no sé como consiguió el helado,
no sé como logro comprárselo,
solo tenía los ojos inyectados
y rondaba el olor a pegamento.
La noche era demasiado fría y cruda
y mis sentidos se tornaban desorbitados
yo estaba sentada del otro lado de la ban,
el estaba frente a la puerta me pedía una frazada,
no reconocía quien era, no sabía cuál era su historia,
Solo tendría unos 15 años y sus ojos eran viejos
ya había vivido demasiado
tenía el pelo pintado y las uñas largas
una camisa pegada y unos jeans azules,
me miraba y se carcajeaba
tal vez pensó que le tenía miedo
no le tenía miedo,
no le tenía lastima,
solo pensé en el pajarito que se me huyo
y que no había encontrado,
no sé si se lo comió el gato de la vecina,
o si logro encontrar un buen árbol,
o logro emigrar
allá donde se reúnen todos pajaritos,
al mundo de luces de colores
y de alpiste.
