
Sonaba de fondo una canción que para el recuerdo de ella, era un estrecho laberinto en donde su imaginación se colaba en la fantasía:
“…I will love you forever and ever
… I will prayer for you…”
Era como si en aquel grandísimo supermercado sólo estuviera ella y él. Cantaba como si viviera en medio de su habitación donde nadie puede observar sus movimientos y, claro esta escuchar su bonita, pero algo desentonada voz. En realidad los pasillos de dicho supermercado estaban casi llenos, era fin de mes y la mayoría no espera para hacer sus compras, así que ninguno o tal vez nadie se fijo en la pareja, que como muchos, paseaban de anaquel en anaquel sin tomar nada, simplemente deambulaban entre besos y tomados de la mano se detenían a cada paso para disimular que deseaban un beso.
Ella al escuchar la canción la empezó a tararear y a cantarla. El, que en realidad nunca la había escuchado, la miraba casi asombrado de ver su énfasis de ella en cantarla sin perderse una sola estrofa de la canción. Ella lo miraba y seguía cantando, él, que a la vez se iba emocionando, hasta intento seguirla con pequeños silbidos que terminaban por no saber la canción. Ella, que en realidad no quería explicar el por qué de su emoción al escucharla, no dijo nada y no sacó de su error a su amante, que ya emocionado término por darle un gran beso.
Era costumbre para alguien que se fijara quien entra y sale de un supermercado, darse cuenta que dicha pareja visitaban el supermercado casi a diario, a veces se compraba algo a veces no, era casi una necesidad la que tenían por ir a aquel lugar: ahí en medio de tanta gente, tanto ruido, tantos olores de carnes, lácteos y hasta la fragancia de perfumes baratos que se podían percibir en aquel lugar, que era como un mundo aparte para ellos ya que cuando estaban ahí se olvidaban de el tiempo podían besarse, hablar de todo y además conocer mejor sus gustos. Ella se dio cuenta que él no comía nada con vinagre; ella prefería todo lo que llevara maíz. En ropa, o lo que llevara color, le gustaba el verde claro; él prefería el azul. El hablaba de su madre y sus hermanas, ella sólo lo escuchaba. No tenían nada en común, como nada tenía que ver el supermercado, pero era un punto en el que no se podía dejar de ir.
Un 13 de julio se detuvieron frente a las manzanas y quisieron la misma manzana. Azorados por el acontecimiento desistieron en tomar la manzana y escoger otra, de ahí regresaron al otro día a la misma hora y ahí estaban frente a frente estaban, junto a las manzanas.
Después de eso los días pasaron ininterrumpidos hasta que, por donde están las flores, él la beso por primera vez. Él contó casi toda su vida en menos de dos semanas, ella no dijo nada.
Después de las siete ella salía del supermercado casi corriendo, nadie la esperaba en casa, ni un gato ni un perro, solo el fantasma del padre que ella se había inventado. Él dijo mucho ella no dijo nada. Ella solo canto una canción y el amo para toda su vida.
1 comentario:
Ufff...
La verdad esta entrada me hizo reflexionar sobre mis relaciones amorosas...
Muy buena...
Me gustó...
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