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viernes, 16 de abril de 2010
tratando de hacer un cuento I
Después de un vaso de cerveza vine a tomarme otro y otro hasta que después de un rato ya me había tomado por lo menos dos litros, la verdad no seguí los pasos de los vasos solo los sentí cuando mi cabeza creía llegar el suelo, no se como pero en mas de una ocasión eso hubiera parecido normal pero aquel día no era mas que para dejar de un lado mis recuerdo de años que perplejos dieron zancadas hasta llevarme cuando tenia una hembra a mi lado y un par de pollos que pedían pan, que como llegaron se fueron, con par de zapatos y una vestimenta creada por mi Eva con sus tantos rosarios al día y una sarta de letanía, era mas religiosa que el cura que oficiaba la misa dominical, me llamaba hereje cada vez que me veía bajo el brazo un libro que no fuera el suyo (la Biblia), decía que eran libros endemoniados, que me hacían perder el juicio. Yo, por aquel entonces ya me había cansado de explicar tanto mi idealismo que no tuve otra salida que ignorarla, no se si le hice daño con mis noches de juerga, y no lo digo yo sino aquellas que estuvieron junto a mí, le fui fiel hasta que se marcho, me quede con las ganas de tocar unos pechos maduros que me pedían a gritos ser devorados, era difícil pero siempre cumplí lo que prometía aun así fuera lo que un cura me dijo que repitiera cuando casi arrastras me llevaron para lo que según muchos era necesario. Para mi bastaba mas que un cuarto, una cama, y un enamoramiento loco para consumar la unión que nos mantuvo juntos por mas de 65 años, a pero esos días no eran como los de ahora, eran llenos de flores en el jardín en la primavera, tazas de chocolate con una concha los de invierno y eso que me disgustaba el no poder salir cuando llovía a cantaros y mas cuando era día domingo y por fin descansaba de las horas encerrado en un cuarto con un escritorio y una secretaria con los ojos saltones y unas medias rotas, no me gustaba las noches frías sus pies siempre estaban helados como los muertos, se acurrucaba junto a mi talvez buscando calor y me ponía los pies entre mis piernas aborrecía cuando lo hacia pero no decía nada ahí me saltaba el corazón y la acariciaba hasta dejarla dormida. Siempre quise contarle un cuento por que parecía una niña cuando se ponía su camisón de franela como el de las abuelitas, me conforme con contárselo a mis hijos, cuando aun podían ser cargados y arrullarlos en mis brazos. Al principio todo parecía normal, después sus manías me aburrían, y talvez las mías la hacían perder el juicio y encerrarse por horas en una casa con una cruz, lo malo es que se llevaba a los dos patojos con ella, que culpa tenían los pobres, de mi mal genio cuando mi idealismo me llevo a pertenecer a un partido revolucionario según yo para mejorar a este país de porquería, me quito días de colegio, cumpleaños felices, hasta incluso a la secretaria con ojos de sapo, no reniego de esos años porque igual los sentí, es solo que ahora no se como se llaman mis nietos, y ya no tengo unos pies fríos bajo mi piernas, no es que la extrañe ahora que se fue, es que ya no tengo quien me haga el café, la señora de limpieza hace el intento por hacerlo pero cada vez me parece que bebo agua de calcetín.
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