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viernes, 23 de julio de 2010

Fiesta en el Cerrito


En estos días fue el día de la virgen de Candelaria, y aunque no soy una ferviente devota de visitar iglesias, me llevaron al Cerrito del Carmen, la verdad tenia años y años de no pasar por ahí, y fue como un torrente de recuerdos que se agolparon en mi cabeza, me hizo recordar mi antigua dirección la 12 avenida 2-23 de la zona 2, abajito del cerrito, fue increíble pasar por el Barrio moderno, la verdad fue bueno ver que todavía esta pintada del logo de Coca Cola la tienda de don Agusto, que saber Dios si existe, ver que todavía existe la casita de enfrente con el 2-17 que era de mi abuelita y que ahí vendían Tortillas, recuerdo a la Leonor despachándome las tortillas que mi abuela me mandaba a traer, recuerdo que a la vuelta de la casa sobre la 3ra calle estaba una panadería que se llamaba El Buen gusto, y que hacían un rico pan, pero que nunca iba a traer el pan por que un día la hija del dueño salió por la noche gritando como loca, diciendo demasiadas malas palabras y desnudándose, la verdad nunca se dijo otra cosa mas que estaba poseída por el demonio, desde entonces nunca fui por el pan.
Al subir por el cerrito me hizo recordar que mi abuela, me hacia recorrerlo por las noches para rezar el vía crucis, me aterraba pensaba que iban a salir un millón de fantasmas y me aferraba a la falda de mi abuela como garrapata, era tenebroso ver de noche el cerrito y mas permanecer mas de cinco minutos ahí me hacia sentir escalofríos, mas por todas la leyendas que mi abuela me contaba de aparecidos que se veían deambular por ahí, con sus velas encendidas y en los pies los grilletes y las cadenas del infierno, que las hacia arrastras para limpiar sus almas de todos los pecados, se decía que ahí en tiempos en que mi abuela llego al barrio, ahí por los años 30 se oía las carretas jalando a los presos politos gritando por las madrugadas, a donde los llevaban no se sabe. Además que siempre me hablo mi abuela de pie de lana y de sus secuaces, mas las historias de la siguanaba y la llorona y la de los taconcitos, hacia que fuera un padecimiento subir a las siete de la noche el Cerrito.
Ya en la iglesia fue como que regresara a la edad de 6 años cuando me llevaban a la iglesia a oír misa los domingos, me parecía enorme la iglesia y hace unos días que la vi era todo lo contrario, súper pequeña, al igual que la virgencita, el olor era el mismo, el olor de candelas y de madera, de incienso, al salir me encontré en la puerta a Doña Clarita vendiendo turnos para la procesión que iba a salir ese día, me dieron ganas de decirle Buenas Doña Clarita, se recuerda de mi soy nieta de Doña Coco, pero la verdad me domino mas la pena y pase de largo sin preguntarle por sus dos hijos, Daniel y Álvaro, ni por su suegra doña Carlota, que ella si como dice el Arjona si pinchaba las pelotas, pero en lugar de eso me fui a deleitar con unos taquitos y un arroz en leche, me dieron ganas de mas pero ya no podía mi barriga, pero habían algodones de azúcar, las manzanas bañadas de un caramelo rojo, melcochas, tostadas, atol de elote, fue un deleite visual de ver todos los colores y olfativo, fue genial ya de ultimo me fui a buscar a la cruz que esta detrás de la iglesia para ver todo el barrio.

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