
Y ahí con los ojos bien abiertos me escondí, me escondí de la lengua de serpiente, que se regocijaba, en mis pechos, queriendo beber la leche de mi vientre, y ahí estaba con su mirada burlona con sus ojos grandes, espiándome riéndose de mí, mientras me miraba como me retorcía para zafarme de sus garras, de cómo de tirones lo expulsaba de mi, usaba mis piernas y lo hacía retroceder, era como que no entendiera, como que no comprendiera, que no quería su veneno, que el demonio que llevaba dentro no era un Dios, y aun así se dijo así mismo, se reprocho no estar sentado a la diestra de Dios padre, y estaba yo con la mirada fija a sus ojos tratando de descubrir donde fue que se quedo su alma, en que lo convertí o en que se convirtió, porque era un ángel y ahora es un demonio que se aferra a mi carne sin ser carroña todavía, se divierte al sentir miedo, porque lo tuve al sentir su transformación, y me indigne, y solloce, déjeme… , porque ya no lo quería, ya no lo deseaba, así no, deseando mi vientre, para quemar en su infierno como sacrificio, a la inocencia pura, estaba deseoso de sangre quería verme arder junto con él, tomarme en sus manos rojas de fuego y dejarme caer a sus llamas quería arrancar mi presea más valiosa de mis entrañas y no se conformaba con ver mi sangre correr por mis piernas, el Dios Moloc lo quería todo.
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