
Me iba quedando dormida, cuando de entre las sombras, como reviviendo del pasado, sale con los ojos negros, negros, con el olor a candelas y agua de mirra, se sentía el escalofrió recorrer por mi cuerpo, el frio se apodero de mis pies, entre mi inconsciente y mi consiente, llore, llore y llore, tenía miedo, gemí y metí un gran grito, me asuste verte metido ahí en mis sueños, con tus manos blancas y afiladas, estabas ahí junto al pie de mi cama, con tu sonrisa fingida, me vigilabas, y el olor era más intenso, era incienso, eran candelas, era agua de rosas, era ajo, era azufre, era azúcar y luego como arte de magia despojaste mi habitación de muebles, de todo lo que había a mí al redor, solo mi cama efímera blanca se posesiono del medio de la habitación, mi simple ropa de dormir se desgarraron ante tu presencia y la luz de velas te hacían sombra de entre las cortinas, no te veía pero sabía que eras tú, no podía ser nadie más, ahí estabas entre las sombras de las cortinas, no te veía pero te sentía, estabas ahí como en el principio, jugando a sacarme de mis pesadillas para meterme a las tuyas. No despertaba aunque rezaba por hacerlo, no sabía cuánto tiempo más estarías instalado en mi cabeza, me tenias como doncella en la mesa de sacrificio, el incienso nublaba mi vista y cerraba mis ojos, luchaba por despertarme, y seguías disfrutando viendo como me retorcía, ahí esperando por ti. Al fin decidiste salir de entre las sombras, yo sabía que eras tú no podía ser nadie más, era moloc vestido de ti, con sus piernas largas, con la blancura de la espuma, eras tú con tus ojos chinos, eras tú que se metía a mi cama, eras tú con su lengua de fuego que quemaba mi cuerpo, eras tú que con tus manos levantaban la tela de mi pijama, suave, delicado, pero con el hambre atroz del quien desea a su presa, me quede inmóvil, solo sentía tu respiración subir de entre mis piernas a mi vientre, de mi vientre a mis pechos, de mis pechos a mi boca, tu aliento se apoderaba del mío, respirabas mi aire y tu cuerpo en silencio se metía al mío, poco a poco te apoderaste de mi, de mi cuerpo, de mi alma, solo quería que te quedaras y después de tenerte miedo, sabía que ya mi vida te pertenecía, aunque fuese entre las sombras, entre lo oscuro de la noche, aunque fuese entre los sueños, entre la penumbra de la madrugada.
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